Perfumes y perfumistas

Me declaro gran amante de los perfumes… Hace años que uso dos de manera constante, y siempre me gusta tener un tercero para variar, por si el humor me lo pide. Según una famosa diseñadora, el perfume es el accesorio invisible para cualquier prenda – y estoy totalmente de acuerdo. No puedo terminar de vestirme sin ponerme, aunque sea, un poquito de perfume. Además, quiero que los que me conocen me recuerden como alguien que siempre olía rico; que al sentir algún perfume que yo suelo usar, quien lo perciba se acuerde de mí.

El perfume es un impulsador y creador de recuerdos. Pocas cosas nos traen recuerdos tan claramente como los olores. Leí el otro día que se han llevado a cabo estudios que demuestran que las partes del cerebro relacionadas con el olfato se conectan más fuertemente con las partes de la memoria que los demás sentidos. El olor de una colonia o de un perfume nos puede llevar inmediatamente a personas, lugares y situaciones que hemos vividos.

La historia del perfume empieza en los albores del tiempo con la quema de sustancias aromáticas para perfumar ambientes. Hace más de 5000 años, los sumerios desarrollaron ungüentos y perfumes. Luego siguieron los egipcios para quienes el perfume tenía connotaciones religiosas. Aparentemente, cuando se abrió la tumba del faraón Tutankamón, encontraron más de tres mil potes con perfumes que aún conservaban su olor a pesar de haber permanecido enterradas por más de 30 siglos.

Los griegos también creían que el perfume era algo sagrado y lo consideraban como un regalo de sus dioses. Tanto apreciaban estas esencias que crearon frascos maravillosos para guardarlos, creando piezas de arte difíciles de igualar en belleza.

Alejandro Magno fue un gran aficionado a los perfumes e inciensos. Se dice que hacía que sus habitaciones fuesen rociadas con ricos perfumes donde quiera que estuviese. Amaba el incienso, la mirra y el azafrán y hacía empapar sus vestiduras con perfume para dejar una estela a su paso.

Los romanos eran grandes aficionados al agua de rosas y al azafrán; en los baños públicos los perfumes se utilizaron muchísimo para las unciones y masajes. Se dice que Nerón gastaba una fortuna en aceites perfumados para sus invitados en sus fiestas.

Durante la Edad Media, el perfume desempeñó diferentes papeles en diversas partes del mundo.  Es durante esta época que se estableció en Francia la profesión de perfumista como tal. Salió del ámbito religioso ya que la Iglesia no aprobaba de los perfumes y los consideraba transmisores de sensualidad y frivolidad, pero su uso fue muy importante para cubrir el olor de las vestimentas que se usaban, las cuales no se lavaban muy frecuentemente… si es que alguna vez lo eran. Por esa época aparecieron unos aromatizadores, hechos de oro, plata y piedras preciosas, conteniendo esencias y quienes los usaban – cual joya – podían sentir su olor y así disfrazar otros olores menos agradables.

En el mundo árabe asimilaron y perfeccionaron los conocimientos de los perfumistas y empezaron a exportar nuevas fragancias por todo el mundo conocido de la época, gracias a los intercambios generados por las Cruzadas.

A comienzos del siglo XVIII apareció el Agua de Colonia – creada por Giovanni María Farina y llamada así porque se inventó en la ciudad de Colonia. Fue un paso innovador por su frescura, en contraste con los perfumes cargados que se usaban.

Y así fueron caminando los perfumes y las colonias a lo largo de la historia hasta el día de hoy, con la profesión de “nariz” siendo extremadamente importante en el mundo de la perfumería. Hoy no hay casa de modas que no se apresure a fabricar sus propios perfumes, conociendo la importancia de los mismos.

Por lo tanto, la próxima vez que se echen perfume, no se olviden que están usando el resultado de cientos – si no miles – de años de evolución… Disfrútenlo!

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