Sirenas

Si bien la escultura de la sirena en Copenhague es bella, siempre me ha llamado la atención que se haya convertido en uno de los símbolos de la ciudad, ya que estas figuras mitológicas no se han destacado a través del tiempo por sus cualidades bondadosas, precisamente…  

Es verdad que esta sirena es la protagonista de uno de los cuentos de Hans Christian Andersen, reconocido y admirado autor danés, y es esa la razón por la cual está sentada eternamente sobre una roca en esta ciudad.

Sin embargo, el cuento de Andersen es – a mi parecer – realmente cruel. Disney se encargó de darnos a Ariel, endulzando el cuento y haciéndolo apto para los niños de hoy en día, pero en la versión original, esta pobre sirena se enamora de un príncipe a quien salva durante un naufragio. Para poder estar junto a él, hace un trato con la Bruja del Mar para tener piernas y poder vivir fuera del agua. En este trato, ella pierde su hermosa voz, renuncia a los 300 años que le tocaban vivir como sirena, tiene que sufrir un dolor atroz constantemente y luego, si el príncipe se casa con otra persona (que por cierto lo hace, rompiéndole el corazón), ella tiene que morir al día siguiente de la boda. Nada que ver con el cuento de La Sirenita que conocemos hoy…   

El mito de las sirenas se remonta a tiempos antiquísimos apareciendo en Asiria antes del año 1000 a.C. y, a lo largo del tiempo, han tenido dos formas definidas y diferentes. Originalmente las sirenas tenían rostro y torso de mujer con cuerpo de ave y habitaban en una isla rocosa. Luego, con el pasar del tiempo, adoptaron la forma de hermosas mujeres con cola de pez que vivían en el fondo del mar. La característica que nunca varió en el mito es la irresistible voz que atraía a los marineros para hacerlos naufragar. Homero nos cuenta que Ulises se amarró al mástil de su barco para poder escuchar el maravilloso canto sin ser arrastrado por él hacia su muerte, mientras el resto de los marineros tenían los oídos tapados con cera para no sucumbir.

Hay situaciones excepcionales en las cuales las sirenas son tratadas más amablemente. En las leyendas chinas, las sirenas eran criaturas maravillosas y sus lágrimas se convertían en perlas.  Existe también una leyenda cantábrica, en la cual una sirena alerta con su canto a los marineros para evitar que se estrellen contra los acantilados.  

Pero en términos generales, las pobres sirenas siempre han tenido muy mala publicidad – las han representado como mujeres seductoras cuyo único propósito es el de seducir a los hombres con sus cantos y encantos y llevarlos a su destrucción.

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