He vivido unos días muy extraños… Por una serie de motivos que no vienen al caso, mi familia y yo nos hicimos pruebas para descartar el virus del Covid 19, pero como yo siempre me he cuidado tanto, no he salido ni a la esquina sin mi mascarilla, no había estado en contacto cercano con nadie fuera de mi familia inmediata y siempre he tenido la obsesiva costumbre de lavarme las manos, estaba bastante tranquila en cuanto a los resultados.
Es por eso que cuando me enteré de que había salido positiva en la prueba molecular para detectar el virus (que se supone es la más exacta), me quedé absolutamente sorprendida. Estaba pintando cuando recibí la noticia; lo primero que sentí fue que se me aflojaban las rodillas y mil pensamientos corrían y daban vueltas locamente por la mente… de alguna manera terminé de lavar mis pinceles y de ordenar mi taller.
Pensaba en mi familia, a quienes podría haber contagiado sin querer, ya que no tenía ningún síntoma que me generara la menor sospecha de que estuviera enferma y esto me causaba una enorme angustia. Felizmente, debido al miedo que he sentido a salir, el riesgo de haber contagiado a otros era casi nulo, lo que me aliviaba la preocupación en algo.
Los médicos me indicaron que lo único que podían hacer era recomendarme un total aislamiento y que me controlara los síntomas para ver si se hacía necesario trasladarme a una clínica. He tenido la gran bendición de no sentir ningún síntoma y mi familia está toda libre del virus.
El hecho de no tener ningún síntoma me permitió estructurar mi día de alguna manera para que transcurriera con cierto orden… Leí, escribí, escuché música – caminando y bailando (no fuera a ser que en lugar de morir de Covid, moría de un coágulo o algo parecido por no moverme), me dediqué a ordenar mi habitación, a planear nuevos cuadros, a mirar por la ventana para ver seres humanos que paseaban por la calle o estaban en el parque y, sobre todo, saqué provecho de la tecnología que me permitió comunicarme con los demás, porque lo más difícil de este aislamiento es sentirse que uno está sola…
Estar sola – y eso que yo no soy la más sociable de las personas – puede ser agobiante. Por eso agradezco tanto los mensajes, las llamadas, las diversas formas en que se han puesto en contacto conmigo. Me di cuenta también de lo tremendamente difícil que es no poder acompañar a aquellos que necesitan de uno; que no hay manera de darle la mano o un abrazo a alguien que lo necesita.
Y, por sobre todas las cosas, agradezco el cariño con que me cuidaron durante estos días las personas que me rodean… ¡¡No hay gracias suficientes que correspondan a eso!!
Lo más importante que he aprendido de toda esta experiencia es que no podemos dejar que las personas se sientan solas… si sabemos de alguien que, por el motivo que fuese, está sola o se siente sola, debemos llamarla, acompañarla – aunque sea de lejos – y no dejar que crea que nadie se acuerda de ella. ¡Aprovechemos que hoy tenemos la tecnología que nos permite estar cerca de todos, aunque nos separen miles de cosas!

Nora q importante lo q dices, aunque a veces es importante y un lujo poder estar con uno mismo un tiempo, no siempre uno es tan capaz de hacerlo, y por eso estamos todos los demás!!!
Gracias por compartir tu experiencia!
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