Colores en mi paleta

Hoy estaba colocando los colores en mi paleta para empezar a pintar y me puse a pensar en la larguísima historia que hay detrás de cada uno de ellos.

Hace decenas de miles de años, hombres y mujeres dibujaron y pintaron en las cavernas utilizando colores – negros, rojos, amarillos y ocres – algunos de origen vegetal, otros de origen mineral y aún otros venían de desechos corporales… y esto lo mezclaban con resina o grasa para darle la consistencia necesaria. Algunas veces, los pigmentos en polvo se restregaban directamente en la pared y aprovechaban los desniveles y hendiduras naturales en las rocas para resaltar el dibujo.

Los egipcios usaron una técnica que fue la precursora de la pintura al fresco. Usando pigmentos naturales hacían una pasta de color que mezclaban con barro y disolvían con agua para aplicarlo sobre los muros. Obtenían el negro del carbono y de la leña; el blanco de la calcita y el yeso; el amarillo y el rojo del ocre del desierto; el verde de la malaquita y la crisocola; y el azul de la azurita. Esos eran los seis colores de los cuales disponían y con ellos tenían que representar su simbolismo y estética.

También crearon dos pigmentos sintéticos: el verde egipcio, que es un pigmento verde-turquesa hecho con óxido de calcio y cobre, y el azul egipcio hecho con sílice, cal, cobre y natrón. Este azul egipcio se encontró en Asia occidental a mediados del III milenio a.C. así como en el área mediterránea al final de la Edad del Bronce Medio. Durante el imperio Romano, el azul egipcio tenía un uso extenso y en Pompeya se encontró un tarro de este pigmento sin usar. Los etruscos también lo utilizaron en sus pinturas murales y se cree que el azul chino podría tener raíces egipcias.

Los antiguos griegos, a pesar de que tenemos una idea de una Grecia blanca, marmórea, por las piezas que vemos en los museos y en los sitios arqueológicos, eran grandes amantes del color y sus estatuas y frisos estaban pintados con colores brillantes – simplemente, con el paso del tiempo, los colores se borraron. Ellos usaban plomo metálico con vinagre para hacer el color blanco; el rojo se hacía con minio que es un subproducto de la oxidación de plomo; y el verde lo lograban con cobre oxidado, usando zumo de limón para aclarar el color.

En la Edad Media se utilizó mucho la pintura al temple, una técnica donde el pigmento se disuelve en un aglutinante, generalmente la yema de huevo. En esa época, el soporte para la pintura solía ser madera tratada con cola extraída de huesos y espinas de pescado y sobre eso se colocaba una capa de yeso para poder pintar.  Muchos de los pigmentos usados en el medioevo eran sumamente tóxicos, tales como el bermellón, hecho con un derivado de mercurio.

Luego aparece la pintura al óleo, originada en Afganistán en los siglos V al IX y tiempo después fue llevada al occidente, sustituyendo, en el siglo XV, a la pintura al temple en la pintura flamenca.  Esta técnica utiliza un aglutinante a base de aceites, generalmente vegetales y puede usarse en distintos soportes: madera, metal, piedra, marfil, aunque lo más usual es el lienzo.  A diferencia de las demás técnicas, el óleo permanece húmedo bastante más tiempo, por lo que permite una mejor mezcla de colores. Los pintores de Flandes fueron los primeros en usar el óleo de manera habitual y se atribuye su invención a Jan Van Eyck a pesar de no ser del todo cierto.

Cada artista tenía su propia receta para preparar sus colores, mezclando los pigmentos con aceite de linaza y resina. Existían, por ejemplo, el marrón de momia, hecho con polvo de momia, o el amarillo indio, producido con la orina de ganado alimentado con hojas de mango… El azul ultramar se obtenía del lapislázuli – lo que lo convertía en un color muy caro, al igual que el pan de oro que era traído desde Afganistán; el amarillo de cromo se hacía con cromato de plomo – altamente tóxico; el cardenillo o verdigris hecho con la pátina verdosa del cobre y también sumamente tóxico; el carmín, que se usó a partir del siglo XVI y se extraía de la cochinilla americana, entre otros.

Siglos después, nuestro oficio no es tan laborioso – en cuanto a la preparación de los colores. Ahora nos acercamos a la tienda que vende materiales de pintura y compramos los tubos de los colores que necesitamos. Sin embargo, no debemos olvidar la historia que hay detrás de cada pincelada que demos sobre el lienzo, agradeciendo a todos los que vinieron antes y nos legaron sus conocimientos.

 

Deja un comentario