Creo que en esta vida hay pocas cosas más importantes que uno le pueda dejar a sus hijos que los buenos recuerdos. Los recuerdos de una infancia feliz son los que luego los acompañarán y les darán fuerza en los momentos difíciles que indudablemente tendrán que enfrentar en la vida. Crear estos recuerdos felices involucra darles amor incondicionalmente, enseñarles que son parte muy importante de la familia (con las responsabilidades que eso conlleva, de acuerdo con la edad del niño), educarlos con muchísimo cariño y diálogo – en resumen, darles enormes cantidades de amor. Un niño que crece sabiéndose querido llega a ser un adulto feliz y será capaz de dar su amor a otros. Amar no quiere decir malcriar; muy por el contrario. Amar es enseñarles a ser personas amables, agradecidas, responsables, capaces de hacer las cosas ellos mismos y de asumir las consecuencias de sus acciones.

Uno «realiza» (se da cuenta de 🙂 la mejor manera de criar a un hijo cuando crecieron… En los tempranos veinte, deberiamos ya tener esa sabiduria.. Yo se que di mi maximo e hize lo mejor que pude.. pero siempre queda la duda si fue suficiente. En ese entonces…
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Oh!… qué lindo que escribas y ecribes!… te felicito por este post. Sigue haciendo lo que te gusta y con el entusiasmo que te caracteriza. Un abrazo.
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