Hubris

Pocas cosas enfurecían más a los dioses de la antigua Grecia que el hubris de los mortales. Por hubris entendemos un orgullo desmedido, insolencia y un peligroso descaro – esa necesidad de vencer, antes que de buscar una solución; la enorme valorización de sus propias capacidades, el deseo de ser igual a los dioses, transgrediendo todos sus límites.

Cuando un mortal manifestaba ser mejor en algo que algún dios en particular, difícilmente podía escapar el castigo – los cuales eran absolutamente drásticos… Aracne presumió de ser mejor tejedora que la diosa Atenea y, acto seguido, Atenea la convirtió en araña. Ícaro, en su arrogancia, voló demasiado cerca del sol creyéndose un dios y, olvidando que era un mortal, la cera de sus alas se derritió y cayó al mar. Salmoneo pretendió ser adorado como Zeus y mandó construir un puente de cobre sobre el cual pasaba velozmente en su carruaje para que el sonido imitara al trueno, lanzando antorchas simulando rayos. Este despliegue de hubris fue rápidamente castigado por Zeus, quien le lanzó un rayo y lo destruyó. Prometeo robó el fuego de los dioses para dárselo a los mortales. Semejante osadía le valió un castigo terrible – fue encadenado y Zeus enviaba a un águila para que se comiera el hígado de Prometeo cada día, el cual volvía a crecer cada noche y así sucesivamente hasta que fue liberado por Heracles.

Luego está la trágica historia de Níobe: estando en una ceremonia en honor de Leto, madre de Apolo y Artemisa, Níobe, en un arranque de hubris, se jactó de tener catorce hijos, burlándose de Leto que solamente tenía dos y declaró que se consideraba merecedora de los honores que se le rendían a Leto. El castigo no se hizo esperar y fue terrible – Apolo y Artemisa mataron con sus flechas a todos los hijos de Níobe.

Tenemos también a Casiopea, esposa del rey Cefeo, que decía ser más bella que las Nereidas (hermosas criaturas del mar). Esto, por supuesto, provocó la ira de Poseidón y envió a un monstruo marino, Ceto, a devastar el reino. El oráculo indicó que la única manera de calmar a Poseidón era ofrecerle a su hija Andrómeda en sacrificio. Esta fue encadenada a una roca al borde del mar, pero Perseo se enamoró de ella y venció al monstruo, convirtiéndolo en coral. Ante esto, Poseidón no se iba a quedar de brazos cruzados, situó a Casiopea en el cielo, atada a una silla, y esta es la constelación de Casiopea que durante un tiempo se ve como si estuviera cabeza abajo, en una especie de tortura.

Hay muchos más ejemplos de castigos generados por el hubris de los mortales, pero son historias demasiado truculentas y no las he incluido porque me parece que con las que he mencionado está más que demostrado qué tanto podían enojarse los dioses.

Hoy en día, aunque no está reconocido por las entidades oficiales de psiquiatría y psicología, algunos profesionales de la salud mental reconocen el Síndrome de Hubris como una patología más, como una categoría dentro de la patología del narcisismo. Generalmente la sufren personas que están en posiciones de poder y se niegan a ver la realidad. Varios ejemplos me vienen a la mente… Es impresionante lo que el poder puede hacer en la mente de los mortales. Hubris, hubris, hubris…

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