En vista de que soy gran fanática del té, decidí averiguar un poco sobre la historia de esta hoja maravillosa y compartirlo con ustedes. Lo que conocemos como té es la infusión de las hojas de una planta que se llama camellia sinensis. Este arbusto ha crecido de manera silvestre en el Extremo Oriente a lo largo de la historia.
Según estudios realizados, resulta que esta infusión es la segunda bebida más popular del mundo. Se empezó a consumir en China en el año 250 a.C., aproximadamente, y desde entonces su uso se ha extendido por todo el mundo. Inicialmente, el té fue considerado como una bebida medicinal, pero gustó tanto que pasó a tener hasta connotaciones místicas y se fueron desarrollando rituales y tradiciones para su consumo – inclusive, existe un libro sagrado, el Arte Clásico del Té, donde se describe la manera de prepararlo y consumirlo.
El té forma parte de las escuelas filosóficas de China, Japón e India. Los budistas consideran que el té es esencial para concentrarse, relajarse y meditar – y para los taoístas, era uno de los principales ingredientes del elixir de la inmortalidad… ¡menuda importancia!
Existe una leyenda en China que dice que hace miles de años, el emperador chino Shennong ordenó que se hirviera toda el agua que se usaba para el consumo humano. Un día, el emperador estaba sentado en su jardín, esperando que hirviera el agua que iba a tomar, y la brisa hizo que cayeran unas hojas en el agua hirviendo; decidió probar el agua aromática donde cayeron y le encantó – dando origen al té que conocemos hoy.
El budismo, sin embargo, considera que el descubrimiento del té debe atribuirse al Príncipe Bodhidharma (que luego fue monje hindú). Se dice que él descubrió los efectos energizantes del té y lo llevó a China y a Japón en sus viajes de prédica de las enseñanzas de Buda, en el año 527 a.C. Hoy, India es el segundo mayor productor de té en el mundo, siendo el lugar de origen de dos importantes tipos de té: Darjeeling y Assam.
El famoso “Té inglés” – el English Teatime, quintaesencia del ritual del té de la tarde – existe, en parte, gracias a la reina Catalina Enriqueta de Braganza, infanta portuguesa que se casó con Carlos II de Inglaterra. Ella fue la primera reina bebedora de té y en 1717, los ingleses lo adoptaron como bebida nacional. Durante ese año se abrieron los primeros salones de té en Londres, siendo uno de ellos el de Thomas Twining, empresa que existe hasta el día de hoy. Catalina estaba acostumbrada a tomar té durante el día en su natal Portugal y cuando viajó a Inglaterra, llevó consigo hojas de té como parte de su ajuar personal. Si bien el té ya se conocía en Inglaterra, este se usaba con fines medicinales únicamente. Luego, en 1840, la Duquesa de Bedford introdujo la idea formal del té de la tarde, que se servía a las 4:00, y la costumbre sigue hasta el día de hoy, aunque ya no tan temprano.
Esta costumbre vespertina se esparció por el mundo, gracias a los viajantes que la llevaron con ellos a donde fueron. Tomó diversas formas en distintos países y aquí existe la deliciosa costumbre del “lonchecito”, que viene a ser una especie de English Teatime, aunque generalmente se prefiere el café o el chocolate al té.
Y ahora, en vista del tiempo que he estado leyendo y escribiendo sobre esta reconfortante infusión, iré a prepararme una deliciosa taza de té. ¡A disfrutar!
