Me encanta el dicho “No es cuestión de soplar y hacer botellas”, que resume perfectamente la necesidad de esforzarse para lograr un buen resultado. Me imagino que soplar vidrio debe ser una de las cosas más difíciles de hacer, aparte del calor absolutamente intenso que hay que soportar al estar en contacto con este material incandescente que con la magia del soplido y de la manipulación de varillas, resulta produciendo maravillas increíbles. ¡Imagínense que el vidrio necesita una temperatura de 2000°C para poder ser trabajado!
El vidrio está con nosotros desde el siglo XVI a.C. cuando se usaba en el antiguo Egipto y Mesopotamia para la elaboración de cuentas, ojos para las estatuas y amuletos, pero se usaba con la técnica de moldeado sobre arcilla. Se usó hasta el siglo XIII a.C. y desapareció casi por completo durante varios siglos. La técnica del soplado del vidrio, aparentemente, se remonta a la zona de Siria en el siglo I a.C. y luego fue difundido por todo el Mediterráneo a través del Imperio Romano
Al pensar en vidrio soplado, dos nombres me vienen a la mente: Murano y Chihuly; uno en Italia, en la isla frente a Venecia y el otro en los Estados Unidos, en Seattle.
La historia del vidrio soplado de Murano se remonta a la Edad Media cuando, en 1291, los trabajadores de vidrio en Venecia fueron mudados a la isla de Murano para evitar los incendios causados por el proceso de la elaboración del vidrio en la ciudad. Los vidrieros eran poseedores del conocimiento de este complejo trabajo y lo mantenían en secreto; tan es así, que necesitaban un permiso especial del Dogo para dejar la República Veneciana en un intento por evitar que difundieran los secretos de este arte. Durante mucho tiempo, Murano llegó a ser el mayor productor de cristal en Europa.
Al trasladar a los vidrieros a Murano, los gobernantes intentaron controlar al gremio; sin embargo, muchos lograron dejar la isla llevando consigo sus famosas técnicas a otros países y, en el siglo XV, los secretos del trabajo con cristal llegaron a Bohemia donde se empezó a producir un vidrio artístico que resultó siendo de gran competencia para Venecia. Siglos después, Murano sigue produciendo su maravilloso cristal y visitar los talleres es una experiencia que vale la pena. Si alguna vez están por Venecia – no dejen de darse una vuelta por Murano.
Y, en la actualidad, uno de los mejores y más originales sopladores y creadores de obras de arte de vidrio es Dale Chihuly. Él es un escultor que ha venido trabajando durante los últimos 40 años con vidrio soplado, utilizando formas abstractas de la naturaleza, reflejando en su arte su fascinación por el océano. Su trabajo explora el color, diseño y ensamblaje de las piezas de cristal. Chihuly suele colocar sus esculturas dentro de espacios de la naturaleza o las enrosca alrededor de ramas y troncos de árboles. Son famosas, también, algunas de sus obras que están colgadas o que flotan en el agua. Inclusive, algunas cubren techos enteros en algunos lugares.
A lo largo de los años, Dale Chihuly ha desarrollado un sinnúmero de técnicas innovativas para plasmar sus ideas en el vidrio. La experimentación es clave para su proceso creativo. El uso de la gravedad y de la fuerza centrífuga sobre el vidrio fundido son esenciales en su trabajo; su idea es que el vidrio debe encontrar su propia forma de manera orgánica. La asimetría y la irregularidad son principios característicos de su trabajo.
El museo Chihuly Garden and Glass (Chihuly Jardines y Vidrio) está en Seattle, y si van algún día por ahí – no vayan a dejar de verlo. No he tenido la suerte ir y conocerlo, pero sé que me encantaría. Su obra también se exhibe en varios museos y galerías. Si saben de alguna exposición de sus piezas cerca de donde están, vayan a verla – les va a llamar la atención.

