Henri Rousseau

El Sueño – Henri Rousseau – Foto de Wikipedia
El cuadro se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York MOMA

Siempre he sentido un cariño especial por la pintura de Henri Rousseau. Fue un artista autodidacta, ridiculizado por la crítica de su época y, para mí, alguien que disfrutó enormemente de cada pincelada que dio, y ese deleite se transmite plenamente a los que puedan ver una obra suya. Sus cuadros realmente destilan el placer sensual de la pintura.

Nació en la ciudad de Laval el 21 de mayo de 1844 y murió en París el 2 de setiembre de 1910. Se le conoce como El Aduanero Rousseau porque trabajó para los servicios de aduanas en París, ciudad a la que se mudó en 1868 luego de haber vivido en la ciudad medieval de Angers durante algunos años. En 1893, a los 49 años, deja su puesto de aduanero y se dedica seriamente a pintar, luego de haber sido pintor de fines de semana y sin haber recibido nunca una educación artística. A partir de entonces, vivió de una pensión del estado, así como de algunos retratos que hizo de amigos y vecinos.

Le encantaba visitar el Museo Cluny en París donde lo puedo imaginar contemplando fascinado los maravillosos tapices de la Dama y el Unicornio que se encuentran allí (tal como lo hice yo, 120 años después). Pienso que es posible encontrar la influencia de este arte medieval en sus cuadros.

Debido a que dedicaba muchísimo tiempo a cada uno de sus cuadros, aunque no prestaba mayor atención a la perspectiva ni a la proporción, su obra es relativamente escasa – existen 123 cuadros de Rousseau en museos y colecciones.

Los cuadros de Rousseau se consideran de estilo naif, con una ingenuidad muy propia. Por su estilo de pintar fue difícil incluirlo en los movimientos artísticos de su época. Durante su vida, a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, existieron varios movimientos artísticos: el impresionismo, el postimpresionismo, el puntillismo, el simbolismo pictórico, el expresionismo, el cubismo, el fauvismo, el surrealismo y el futurismo con plazos relativamente cortos para cada movimiento. Mi admirado Rousseau en realidad no encajaba mucho en esos movimientos (aunque yo lo veo acercándose, en algunos cuadros, al surrealismo). Pretendía ser realista, pero, la verdad, su obra destaca por el tono poético y la búsqueda de lo exótico. Mientras los demás artistas utilizaban puntos y trazos impresionistas, él se dedicó a dibujar con gran precisión cada elemento que aparece en sus cuadros, cada hoja, cada pétalo.

Sus fuentes de inspiración fueron los libros de ilustraciones, los jardines botánicos y el zoológico de París, así como animales salvajes disecados. Le encantaba visitar el Jardín Botánico y solía decir que “Cuando me introduzco en los invernaderos de cristal y veo las extrañas plantas de tierras exóticas, tengo la sensación de entrar en un sueño”.

Últimamente he estado pensando en él y he pasado buenos momentos admirando sus cuadros, por lo que no es raro que mi siguiente cuadro se llamará “Pensando en Rousseau” y – a mi parecer – tiene algunos elementos con los cuales él se identificaría.

¡Salud Henri!

Deja un comentario