
Después de un largo paréntesis, continúo con la historia de Leonor de Aquitania, ahora como reina de Inglaterra.
Leonor y Enrique Plantagenet, Duque de Normandía y Conde de Anjou, entre otros títulos que poseía, se casaron el 18 de mayo de 1152 en la Catedral de San Andrés de Burdeos. Luego de celebrado el matrimonio, la pareja permaneció en el continente, defendiendo los territorios de Aquitania, Anjou, Maine y Normandía de los ataques llevados a cabo por el primer esposo de Leonor, Luis VII de Francia, y algunos de sus aliados que consideraron que este matrimonio era un acto de traición.
Sin embargo, Enrique tenía que regresar a Inglaterra para continuar luchando por el trono inglés, al cual tenía derecho a través de su madre, la astuta y tenaz Emperatriz Matilda, de quien aprendió los principios del arte de gobernar y quien siempre ejerció una fuerte influencia sobre él. (La historia de Matilda es también muy interesante y algún día tal vez les cuente sobre ella). En enero de 1153, Enrique partió hacia Inglaterra y Leonor se quedó viviendo, posiblemente, en el castillo de Angers, desde donde gobernó los territorios que le pertenecían a ella y a su esposo, mientras Enrique dividía su tiempo entre Inglaterra y sus tierras en el continente. De esta época, en la cual ella estableció su propia corte ducal, nos llegan los poemas del trovador Bernard, quien formó parte de su entorno más cercano, en los cuales nos describe a una Leonor “noble y dulce”, “fiel y leal”, “graciosa y hermosa”.
Finalmente, en diciembre de 1154, Leonor, Enrique y el pequeño Guillermo – primer hijo de la pareja, que nació en 1153 – partieron a Inglaterra, y el domingo antes de Navidad de ese mismo año, Enrique y Leonor fueron coronados rey y reina de Inglaterra en la Abadía de Westminster, empezando así la historia de Leonor como reina de Inglaterra, en Londres, una ciudad totalmente diferente a París, donde ella había vivido como reina de Francia.
Durante los primeros años del reinado, Enrique y Leonor se dedicaron – hombro a hombro – a consolidar las provincias individuales del territorio inglés para formar un sólido reino, imponiendo el orden e implementando la administración de justicia, viajando por todo el territorio. Durante estos viajes, Leonor tuvo la oportunidad de conocer Inglaterra, la cual se encontraba desgarrada por recientes guerras civiles.
Desde el inicio de su reinado, Enrique tenía muy claro que lo que realmente le interesaba eran los territorios en el continente europeo. Inglaterra le daba la posición de rey y los ingresos para mantener la paz en su imperio continental. Bajo estas circunstancias de constantes ausencias, Thomas Becket fue nombrado canciller y mano derecha de Enrique, asumiendo, cada vez más, importantes actividades correspondientes a la corona, lo que aparentemente no fue de total agrado de Leonor quien había estado siempre acostumbrada a participar en las decisiones importantes del gobierno. (La historia con Becket terminó muy mal – pero eso pertenece a la historia de Enrique más que a la de Leonor).
En la segunda mitad del siglo XII, Enrique, Leonor y sus hijos se instalaron en el palacio de Westminster, convirtiéndolo en un centro de mecenazgo de las artes, bajo la fuerte influencia de Leonor, con trovadores traídos de Limosín y Poitou que cantaban sobre la vida y romances de la corte del siglo XII. Se cantaba sobre Tristán e Isolda y sobre el Rey Arturo y surgieron innumerables poemas y cantos en honor a Leonor. Con ella se creó un culto a los modales cortesanos.
Leonor acompañaba a Enrique, viajando de castillo en castillo, por toda Inglaterra y el continente, sin importar la época del año que fuese, siendo la persona de confianza y cercana colaboradora del rey. Algunas veces, en ausencia de Enrique, ella presidía sobre la corte en Inglaterra y ponía su propio sello a ciertos mandatos reales.
La pareja tuvo ocho hijos. Su primer hijo, Guillermo, murió siendo un niño pequeño. Además, tuvieron a Enrique, Matilda, Ricardo (el futuro Corazón de León), Godofredo, Leonor, Juana y Juan, a quien la historia llamaría “Juan sin tierra”.
Sin embargo, no todo fue felicidad para la pareja. En 1173, los hijos se rebelaron contra su padre por cuestiones de obtención de poder. Leonor tomó partido por sus hijos y los apoyó militarmente. Esta revuelta fue un fracaso y ella fue tomada prisionera por su marido, quien la tuvo recluida en diversos castillos durante casi 16 años – aparentemente, su encierro fue bastante confortable ya que existen registros de cuantiosos gastos en vestidos y mantenimiento de los castillos – pero debe haber sido casi insoportable para una mujer que le gustaba tanto gobernar y administrar sus tierras. Este encierro terminó en 1189, al morir Enrique.
Al recuperar su libertad, Leonor desempeñó un papel político aún mayor al que había ejercido con su marido. Se ocupó de los preparativos para coronar a su hijo Ricardo, fue administradora del reino cuando este se fue en una Cruzada a Tierra Santa y, al ser Ricardo capturado por el Duque de Austria durante su regreso a Inglaterra, fue ella quien recolectó el dinero para pagar su rescate y fue a buscarlo en persona para traerlo de regreso a casa. Durante la ausencia de Ricardo, ella fue responsable de mantener el reino en orden, aplacando las intrigas de su hermano Juan Sin Tierra y del Rey de Francia. (Enciclopedia Britannica)
Ricardo murió en 1199, sin dejar heredero y Juan fue coronado rey. Al subir Juan al trono, Leonor dejó Inglaterra y se dedicó al gobierno de su querida Aquitania donde pasó sus últimos años.
En 1200, Leonor, que ahora tenía casi 80 años, partió, cruzando los Pirineos, (imaginemos lo que eso significaba para una mujer de esa edad, hace más de 800 años) hacia Castilla a recoger a su nieta Blanca para que sea la esposa del hijo del Rey de Francia. A través de este matrimonio, esperaba asegurar la paz entre los Plantagenets de Inglaterra y los reyes Capetos de Francia. En ese mismo año, ayudó a defender Aquitania y Anjou en contra de su nieto Arturo de Bretaña para asegurar la herencia de su hijo Juan en Francia.
Cansada después de la última batalla para defender Aquitania, Leonor se retiró al monasterio de Fontevrault, en Anjou, donde murió en 1204. Ella y su esposo Enrique descansan juntos en este monasterio.
Las religiosas de Fontevrault escribieron sobre ella “Fue hermosa y justa, imponente y modesta, humilde y elegante, una reina que sobrepasó a la mayoría de las reinas del mundo”.