Sueños

Existe un mundo misterioso al cual accedemos cada vez que nos vamos a dormir – el mundo incomprensible de los sueños.

A lo largo de la historia, los seres humanos de distintas civilizaciones y religiones hemos tratado de dar significado a los sueños. Hay registros escritos de más de 3800 años de antigüedad que hablan, precisamente, de esta búsqueda. Antiguamente, lo que se trataba de encontrar en los sueños eran mensajes divinos. El Antiguo y el Nuevo Testamento están llenos de ejemplos de sueños a través de los cuales Dios habló con los seres humanos, para advertir, enseñar, profetizar.  

En Mesopotamia, los babilonios tenían una diosa asignada a los sueños, Mamu, y consideraban que existían sueños buenos, que venían de los dioses, y sueños malos, que venían de los demonios.

Para los asirios, los sueños servían como canales para recibir señales. Una de las más antiguas interpretaciones de los sueños (de hace aproximadamente 2700 años) fue encontrada en Nínive, la cual dice que si una persona sueña repetidamente que vuela, esto significa que perderá todo lo que tiene. Para ellos, los sueños eran advertencias y se debían acatar los consejos que estos contenían.

Los egipcios también consideraban que los sueños eran la forma en que los dioses se comunicaban con los humanos para demandar algún acto, para dar una advertencia o brindar una revelación. Hace 4000 años, los egipcios anotaban sus sueños en papiros. Hoy nos recomiendan anotar nuestros sueños como herramienta para conocernos mejor a nosotros mismos. No hay nada nuevo bajo el sol…

En la Grecia antigua, en el siglo II d.C., vivió un famoso interpretador de sueños, Artemidoro de Daldis. Sus libros sobre la interpretación de los sueños nos han llegado hasta hoy y en estos él incluye 95 casos de sueños proféticos cumplidos. Su obra incluye más de 3000 sueños de personas que lo consultaban, con sus comentarios sobre los sueños en sí y sobre la sicología humana.  Artemidoro sostenía que para entender los significados de los sueños había que entender el simbolismo de los mismos, adelantándose al sicoanálisis de hoy. Una vez más, no hay nada nuevo bajo el sol.

Y luego llegamos a la edad moderna y a Sigmud Freud con su Interpretación de los Sueños. Para Freud, los sueños eran una manera de expresión del subconsciente de los individuos. A partir de esta investigación surgen diversas metodologías sobre el tema, siendo la de Carl Gustav Jung la que pone mayor énfasis en la interpretación de los sueños. Esta corriente considera que los sueños son producto de una fuerza creativa de la naturaleza, cargada de sabiduría intrínseca y simbólica, que utiliza los recuerdos de nuestras experiencias para construir imágenes e historias de los sueños.  Jung era creyente de lo que llamó el inconsciente colectivo como fuente creativa común, ya que se dio cuenta de que los sueños de muchas personas incluían temas, historias y personajes que eran similares a las narraciones mitológicas que han estado con nosotros en diversos lugares y tiempos.

Y toda esta conversación surge de aquellos sueños que de vez en cuando uno tiene que son tan reales que al despertarnos no estamos totalmente seguros de que se tratase solamente de un sueño. ¡Hay sueños donde conversamos claramente con otros y son tan reales que podemos sentir hasta el aliento de la persona a quien vemos! Luego, al despertarnos, tenemos la sensación de haber podido viajar a otra dimensión, a través del tiempo y del espacio, para vivir ese encuentro. Sueños donde nos reímos, lloramos, y vivimos una vida paralela durante unos minutos (porque aparentemente, los sueños no duran mucho más, aunque nos parezcan larguísimos).  Luego, a medida que avanza el día, el recuerdo del sueño se va disipando y desvaneciendo cual leve bruma hasta que solamente queda una sensación persistente.

Y ahí lo dejo, con las palabras de Calderón de la Barca: “… que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”

Deja un comentario