Durante mis caminatas diarias – y cada vez trato de caminar más para evitar manejar en el tráfico terrible de la ciudad – hay algo que me encanta hacer y que me permite inventar todo tipo de cuentos: prestar atención a las casas por donde voy pasando. Algunas me permiten ver, a través de sus ventanas, una pequeñísima parte de la vida que transcurre adentro, con lo cual tengo material para imaginarme cómo son las personas que las habitan.
A veces alcanzo a ver algún objeto que hace que mi imaginación se dispare y me cuente historias sobre los habitantes de la casa. Puede ser un adorno, un ramo de flores particularmente lindo u original, un mueble, un cuadro… en fin, algo que me pueda dar un indicio sobre cómo son las personas que viven allí.
Cada casa tiene la personalidad de su dueño; algunas están primorosamente cuidadas, tienen flores en las ventanas o en los jardincitos delante de las mismas. Si es en la tarde-noche y hay una luz prendida, puedo adivinar cuán acogedoras son y algunas casi que evocan un tecito caliente! Generalmente en este tipo de casas me imagino a personas un poco mayores, apegadas a sus recuerdos. Me imagino reuniones familiares, libros que son leídos en un cómodo sillón, y hasta una chimenea para completar la imagen de un lugar acogedor o, a falta de chimenea, una estufa en invierno.
Hay otras que son modernas y hermosas, de un diseño precioso y pulido, con luces estratégicamente colocadas bañando todo con una luz que complementa el diseño, y en estas puedo imaginarme a personas eficientes, decididas y exitosas viviendo sus vidas en un lugar así. Personas que tal vez viajan a destinos exóticos ajenos a su cotidiana modernidad. Familias jóvenes o tal vez parejas solas que se codean con personas muy interesantes. Me imagino cócteles y cenas entretenidas, ropa y peinados impecables.
También me cruzo con aquellas casas que, posiblemente al igual que sus dueños, han visto mejores tiempos y se han deteriorado. Puedo imaginarme paredes que necesitan una buena mano de pintura, sillones que ya están un poco desvencijados, vidas que están haciendo lo posible por subsistir. Son casas que posiblemente tienen olor a recuerdos guardados. El deterioro es triste y pienso en personas que se han quedado estancadas en el tiempo. Tal vez están solas o han perdido la capacidad de avanzar por el motivo que sea. Generalmente las ventanas de estas casas están cerradas y no dejan entrar mucha luz a las habitaciones. Estas casas me dan pena.
Y así como estas hay muchas más, las casas con niños, las que son un poco hippies, las que están totalmente enrejadas y aquellas que son tan abiertas que uno se sorprende de que sean así en estos tiempos, casas que empiezan y otras que terminan, casas modernas y casas antiguas, casas felices y otras tristes… En fin, para mí, todas las casas por donde camino son fuente inagotable de cuentos e historias que me voy contando. Y me imagino que no soy la única que se entretiene imaginando la vida de los demás…

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