Mi Proceso Creativo

Flora II

Como he mencionado en posts anteriores, la pintura – y, en realidad, todo lo relacionado con la creatividad – juega un papel muy importante en mi vida. Pero en este caso específico estaré hablando de la pintura y el proceso que sigo para llegar a un cuadro terminado.

Muchas veces cuando he conversado con personas y les he comentado que pinto me dicen que es una maravilla tener algo tan relajante que hacer… Simplemente sonrío y no les contesto porque es demasiado largo explicarles que pintar, de relajante, no tiene absolutamente NADA!!! Es algo imprescindible en mi vida y para mi psiquis, pero ¿relajante? No, en absoluto…

Mi proceso creativo empieza cuando alguna forma o pensamiento me llama la atención – ya sea un árbol, una flor, el movimiento de una persona o algún sentimiento en particular – una forma puede surgir inclusive de algo que he leído o estudiado.

Una vez que tengo una idea en la mente sobre alguna forma, recurro a la arcilla para modelarla y poder luego usarla como modelo del cuadro. Esa es la primera batalla: buscar una forma que sea armónica, que tenga equilibrio y que sea capaz de transmitir lo que quiero expresar. Y como no son figuras reales, queda a mi absoluto criterio decidir si funcionan o no. Pertenecen totalmente a mi imaginario personal.

Una vez lista la figura viene la parte de armar el cuadro. Necesito ubicarla dentro del contexto que quiero que tenga, asegurarme de que el cuadro sea ahora el que tenga equilibrio, que el dibujo sea exacto y que las líneas transmitan el sentimiento que yo quiero expresar.

Y luego, la batalla final: los colores… Los colores se rigen por leyes particulares, con colores análogos y complementarios. Uno puede creer que un determinado color puede quedar precioso hasta que pone otro color al costado y de pronto el cuadro ya no es armónico, sino que grita.   Para mí, esta parte es la más difícil. Como mis formas no son reales, no tengo referencia sobre los colores que podrían tener y al ir inventando me doy de cabezazos tratando de encontrar el tono ideal que pueda ir con el color que ya he encontrado y que funciona en alguna otra parte del cuadro.

Cuando finalmente logro terminar un cuadro después de este largo proceso, me siento como alguien que ha logrado salir victoriosa de una serie de batallas. Y, para mí, son batallas que valen absolutamente la pena pelear. ¡La satisfacción de un cuadro terminado es maravillosa! Por cierto, no presumo de ser una gran artista ni de que mis cuadros estén a la altura de aquéllos que admiro, pero a cualquier nivel, el proceso creativo es un proceso profundo y para algunos de nosotros, difícil. ¡Pero uno que me es absolutamente esencial!

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