Memoria Heredada

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Estuve buscando en Wikipedia la definición de dos palabras que definen esa sensación que impregna el relato del primer libro de la obra En Busca del Tiempo Perdido, de Proust.  “Nostalgia (del griego clásico νόστος «regreso» y ἄλγος «dolor») – un sentimiento de anhelo por un momento, situación o acontecimiento pasado” y “Saudade, palabra portuguesa que define un sentimiento afectivo primario, parecido a la melancolía, estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia. A menudo conlleva el conocimiento reprimido de saber que aquello que se extraña quizás nunca volverá”. Dado que ambas palabras se refieren a situaciones o lugares que uno ha conocido, siempre me ha llamado la atención que mi mayor nostalgia o saudade – posiblemente, la única – sea por un lugar donde nunca he estado.

Ver fotos o pinturas de la campiña inglesa me genera una sensación que solamente puede ser descrita por las anteriores definiciones. Y yo no he vivido ni he disfrutado de un lugar así en ningún momento. Sin embargo, mi bisabuela era inglesa y vivió en un pequeño pueblo al este de Inglaterra, por lo que me imagino que debe haber tenido amplio contacto con esta campiña y la debe haber amado.

Ella más tarde se casó y dejó su Inglaterra natal para mudarse a Suecia con su esposo. ¿Sería tan fuerte su nostalgia que quedó impresa en sus genes y luego, a través de las generaciones, llegó hasta mí? Son tantas las cosas que heredamos a través del ADN que ¿por qué no los recuerdos y las sensaciones?  Llevo su nombre y nací en la fecha de su cumpleaños y lo único que explicaría la sensación de nostalgia y saudade que me invade es que de alguna manera yo heredé sus recuerdos a través de los misteriosos designios del universo.

Será cuestión de preguntarle cuando nos volvamos a ver… y de paso compararé notas allá con un amigo muy querido con quien en muchas ocasiones conversamos sobre la idea de los recuerdos heredados, a ver si tenía razón…

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