
Después de muchos años he decidido intentar nuevamente leer la obra de Marcel Proust, En Busca del Tiempo Perdido. No tengo idea si lograré culminar semejante tarea ya que son siete libros y recién estoy empezando con el primero, Por el Camino de Swann.
Es posible que esta obra no sea de gran interés para los jóvenes, ya que trata sobre una larga y detallada mirada hacia el pasado y no hacia el futuro que es la tarea primordial y esencial de la juventud. Pero cuando uno llega a cierta edad, no es raro que por momentos nuestros pensamientos se dirijan hacia el tiempo “perdido”. Hay algunos recuerdos que son mejores que otros, pero todos llevamos dentro lo que vivimos en nuestra niñez y juventud. Muchos podemos recordar algún “Combray” de nuestra niñez donde nos reuníamos con nuestros abuelos, tías, tíos y primos… Y estoy segura de que varios hemos experimentado el efecto de la magdalena de Proust al probar, sentir u oler algo que nos lleva directamente hacia algún momento o situación de nuestro pasado. (Y aquí, de paso, les he dado un par de referencias que tal vez los animen a leer la obra…).
Y al mirar hacia atrás, a veces no podemos evitar preguntarnos si hemos tomado las decisiones correctas, si los resultados de esas decisiones nos han hecho felices y si lo haríamos otra vez sabiendo lo que ya sabemos. Sin embargo, como nadie puede viajar hacia atrás en el tiempo y tampoco nadie puede conocer el futuro, este es un ejercicio bastante inútil y hasta desgastante.
Es bueno recordar… no debemos perder los recuerdos, pero creo que es más importante mirar hacia el futuro y tratar de construir cada día la vida que queremos vivir.