Una buena taza de té… para mí, un placer casi absoluto! Es un ritual que empieza en la pequeña tienda donde venden el té en hojas sueltas – un acogedor local inundado con el perfume de las distintas variedades disponibles para los amantes de esta hoja deliciosa. ¡Es asombroso descubrir la cantidad de clases de té que existen! Hay té negro, verde, blanco, frutado, con especias… hay un sabor especial para cada uno de los gustos. Por cierto, no debemos ir a comprarlo si estamos apurados; es una experiencia que se debe disfrutar. Inclusive, podemos pedir que nos permitan sentir el aroma de los distintos tipos de té para ver si nos aventuramos y probamos uno nuevo y diferente. Yo tengo mis tres favoritos: English Breakfast, Irish Breakfast y Earl Grey. Pero siempre compro unos gramitos de alguno nuevo para probar. Quién sabe y tal vez me sorprenda alguno…
Luego en casa, continúa el ritual al poner a hervir el agua, medir el té para la tetera y sentir el perfume mientras se deja reposar unos minutitos. Eso sí, en la medida de lo posible, hay que servirlo en una taza bonita. Es parte del disfrute de tomarlo. Definitivamente, el té servido en vaso o taza descartable no me sabe igual.
En mi caso, una humeante taza de té me despierta al levantarme en la mañana; cuando regreso de caminar, me revigoriza; cuando estoy feliz, me acompaña; cuando estoy preocupada o triste, me reconforta; mientras escribo o trabajo, me anima (en este momento estoy tomando una deliciosa taza de Irish Breakfast). En suma, y como se habrán podido dar cuenta, el té es parte importante de mi día. Les recomiendo que busquen un tipo de té que les guste y lo incluyan su vida… Es un placer que vale la pena disfrutar…
